domingo, 18 de abril de 2010

Próxima Publicación - LA BELLEZA BRUTA de Francisco Font Acevedo



"… situándose más allá del cuento y la novela, "La belleza bruta" configura un magno universo narrativo, poblado por personajes azarosos y sexualidades tan plurales como flexibles, que sacude al lector con el concurso de su prosa astuta, incendiaria, deslumbrante".

Luis Rafael Sánchez

"Cada página de este libro deslumbra, tanto por su contenido como por su increíble dominio de la lógica de personajes atados a los mecanismos internos de una narración francamente brillante por lo inteligente y provocadora. Cierto es, Font Acevedo trabaja la estética de la violencia y el lenguaje hiperrealista como nadie lo había hecho aún en Puerto Rico".

Mayra Santos Febres

"Raras veces –si alguna– se ha dado en la literatura puertorriqueña una colección de cuentos más dura, irreverente y provocadora, ni una temática tan violenta y sexual o, mejor, violentamente sexual. Rara vez, además, se ha sostenido con tanto control un tono de aparente objetividad, que nunca cede ni a la conmiseración, ni al juicio, ni al asco ni al rechazo. Tampoco se acerca a la fascinación enfermiza ante conductas de extremos. La narración es siempre "objetiva"; expone, sin desfallecer, los horrores más inquietantes. Nada atenúa la fuerza bruta de las situaciones descritas. Se nos seduce, mediante la escritura, a observar lo que sucede: el impacto brutal de la prosa misma nos mantiene con la vista fija. Se trata de una obra literaria muy bien lograda en su propuesta de exceso".

Carmen Dolores Hernández


LA BELLEZA BRUTA
Presentación inaugural de
AVENTIS
para el FESTIVAL DE LA PALABRA
a cargo de
LILLIANA RAMOS COLLADO
miércoles 28 de abril de 2010 – 8:00 p.m.

La Palabra emPlaza - Plaza Las Américas

domingo, 28 de febrero de 2010

Presentación del libro de Max Chárriez - Delirios de pasión y muerte



"Tomás Eloy, escritor argentino que recientemente ha dejado este plano, decía que si sólo pudiéramos vernos dentro de la historia, sentiríamos terror. Para superarlo, el escritor, dice él, no niega la historia, sino que la resucita, la transforma, la reinventa para hacerla no sólo visible, sino comprensible. Esto hace Max Chárriez y yo enmudezco..."
Yolanda Arroyo Pizarro

Fecha: Thursday, March 11, 2010
Hora: 7:00pm - 10:00pm
Lugar: Librería Mágica
Direccion: 1013 Ave Ponce de León / Rio Piedras, Puerto Rico

Nombres de animales, el Nombre - Por: Lilliana Ramos Collado

En ocasión de la presentación del libro Bestiario en nomenclatura binomial, de David Caleb Acevedo, con imágenes de Ángel Ruiz Laboy
Librería Mágica, 3 de diciembre de 2009

“Noms de pays, le nom.”
—Marcel Proust, À la Recherche du temps perdu

Marcel Proust lo intuía. El nombre podía ser arcano, una voz mistérica para reconfigurar categorías y para abrir de par en par aquello que es hermético en las formas del mundo. Para Proust, en el nombre latían historia, sensación, concepto, ejercicio de una alfanumerología propiciatoria, iniciática. Cada nombre era a la vez umbral y Sésamo. Cada acto onomástico, la dación del nombre, combinaría así un ritual de creación y un ritual de reconocimiento. Crear el nombre sería, entonces y a la vez, crear la materia para posar la voz, y su opuesto: recibir de la materia muda ese gesto declarativo de enunciar su propio nombre. Ocurre, pues, que el nombre oscila entre el acto voluntarioso y subjetivo de nombrar, y el acto humilde y objetivo de obedecer la forma de un objeto mediante una cuidadosa descripción. La gesta onomástica de David Caleb Acevedo funde creación y descripción: da el nombre que reconoce como apropiado a aquello que se brinda a la conciencia poética. De esa forma, cada nombre une lo que pertenece al sujeto que da el nombre, y lo que pertenece de suyo a la cosa, que reclama el derecho de ofrecer su propio nombre. El nombre se adelanta como un evento dual que requiere un acuerdo entre el sujeto poético y ese otro sujeto externo que exige estar presente en su propia nomenclatura. El nombre es binomial, conflictivo, campo de batalla, acto de negociación nunca totalmente aceptable; siempre inestable, vivo, metamórfico, suspenso. La ciencia de David Caleb es aquella que se centra en dar con el nombre apropiado. Estamos ante la maravilla del “nom trouvé”.

Los poemas de Bestiario en nomenclatura binomial son coyuntura de la duda nominal, exploraciones —entre morosas y sorprendidas— del pormenor del Nombre. El sujeto nombrador, ante el reto del nombre, decide transar: si el nombre es un trance, un tranque, acepta el reto y juega a la vez a ser Dios y objeto. Lo exigen sus “bestias” remisas a declarar su nombre: sus poemas hallados a la vera del camino entre esta y aquella civilización ex-tinta.

Para David Caleb, la poesía es asunto onomástico, siendo el acto de nombrar el acto poético por excelencia. La premisa es derrideana: “No hay nada fuera del texto”, y así el poema que hace la historia del nombre, y que es a la vez la bestia que se nombra, no es otra cosa que ese abismo de palabras donde se cocina el mundo. El poema del nombre es el nombre en tanto describe aquello cuyo nombre se otorga al escribir el poema: cada nombre y cada poema son el orouboros: la serpiente que se muerde su propia cola.

Pero no basta dar con ese nombre propio, apropiado. Sólo una comunidad de hablantes puede certificar lo apropiado del gesto, lo apropiado de la voz onomástica, la pertinencia fatal, necesaria e incuestionable del Nombre. De ahí ese nosotros que no cesa de ser invocado, de ahí la insistencia en que el Otro sujeto participe del acto de dar o de inferir el nombre. Para nombrar, tú y yo nos tenemos que poner de acuerdo. Por eso, en estos poemas, el lenguaje no pertenece al Uno, sino al Nosotros. Como nos recuerda Wittgenstein, no hay lenguaje privado, y así no puede haber tal cosa como un “nombre secreto”. No hay nombre fuera del texto plural de un lenguaje siempre y necesariamente compartido.

Por eso son tan importantes las imágenes que Ángel Ruiz Laboy ha aportado a este poemario.

Siempre es asunto delicado incluir imágenes en un libro. ¿Serán “ilustraciones” de los conceptos del autor? ¿Serán versiones del artista de lo que el libro expresa? ¿Serán la aportación, desde otro lenguaje (el visual) al todo que es el libro? ¿Crearán un espacio de tensión intermodal entre palabra e imagen? Y en este caso, tratándose de un libro sobre los problemas del nombre, ¿servirán de ejemplo de los conflictos del proceso onomástico?

Como en los bestiarios medievales, el nombre de la bestia iba acompañado de una descripción verbal y de una imagen pretendidamente descriptiva. Dado que la bestia solía ser simbólica —como ocurre en el Bestiario de Oxford (s. XII), en el Aviarium de Hugo de Fouilloy (s. XIII), o en el Bestiario de Cristo, que recopila Louis Charbonneaux-Lassay, ni las descripciones verbales ni las imágenes taxonómicas persiguen un fin propiamente “científico”: son emblemáticas, en tanto el animal lo es: la perdiz representa la ninfomanía, el león la valentía, el perro, la lealtad, etc. Pregúntenle a Walt Disney sobre la perviviencia de esta fauna emblemática. Y así, la bestia era (y sigue siendo) pasión, accidente del alma, moralidad visual, palmaria. La imagen del animal era un compuesto de rasgos morales, un collage de representaciones simbólicas de las pasiones humanas codificadas ya en la lengua silvestre y admonitoria de los predicadores casi analfabetos que recorrían una Europa bárbara a la caza de almas para el cristianismo. Los bestiarios medievales son complejas alegorías que aderezan el liber mundi.

Las imágenes de Ruiz Laboy oscilan aptamente entre estas tareas simbólicas: describir, representar, redundar sobre el Nombre. Al igual que las imágenes de los bestiarios medievales, las de Ruiz Laboy son compuestos que responden a los símbolos que acuña el poema al cual acompañan. Son versiones, y no “ilustraciones”, del texto. Aportan otra dimensión, y así logran la pluralidad de ese Nosotros cuyo acto colectivo de nombrar valida lo apropiado del nombre propio. Al igual que las ilustraciones medievales, se alimentan de un código visual cuya expresa originalidad reside en su arte combinatoria. No puede olvidarse el hecho de que estas ilustraciones medievales deseaban ser extrañas, de modo que su extrañeza las hiciera inolvidables. La memoria era fundamental para la educación moral del ser humano. De ahí la percusividad de la ilustración medieval. Igualmente aquí, la imagen esencializa el concepto en discusión, lo ciñe a una clave que permita luego recordar el poema y su nombre. Ardua tarea para un artista: renunciar a su propia voz para hundirse, junto al poeta, en el abismo donde se confunden las palabras y las cosas.

Nada hay de referencial en las imágenes de Ruiz Laboy. No hay mundo que contenga estas “bestias” claramente simbólicas. La predilección por a simetría, la forma del mandala, la repetición, siguen la pauta de la perplejidad ante Nombre. Como el Nombre, la imagen es collage de sentidos y tiempos; como el Nombre, ostenta la crisis entre lo subjetivo y lo objetivo; como el Nombre, quiere afirmarse como imagen y a la vez describir la cosa. Como el Nombre, la imagen intenta negociar su existencia con la cosa: o tú, o yo, o tú y yo. Como el nombre es “nom trouvé”, la imagen es “image trouvée”.

Estamos ante un libro de poemas encontrados en el entrecruce de tiempos y espacios de la palabra. La bitácora de este viaje, acompañada de los snapshots de Ruiz Laboy, afirma un mundo metamorfo, donde el gesto del arte es declarar su insuficiencia verbal y gráfica, y la inestabilidad coyuntural de las decisiones en cuanto a cómo conformar el sentido de la experiencia. Al recorrer este mundo viejo lleno de bestias en constante peligro de extinción, palabras e imágenes proponen mediaciones, quizás consoladoras, quizás desesperadas, para detectar la existencia de nuevas especies en formación, de nuevas moralidades para nuestro mundo amenazado por la soledad, que cada vez tiene mayor necesidad de recordar que no hay nombres ni imágenes sin un Nosotros que las vea, que las enuncie, que las anuncie al dar con el Nombre que vendrá.

Liliana Ramos Collado es profesora de Humanidades y Estudios Hispánicos de la UPR de Río Piedras, curadora de arte, crítico literario y de arte, poeta, ensayista y traductora.

domingo, 27 de diciembre de 2009

LOS LIBROS DEL AÑO - Por Carmen Dolores Hernández



El Nuevo Día
San Juan, Puerto Rico
Domingo, 27 de Diciembre de 2009

Los diez libros puertorriqueños o sobre Puerto Rico que más impresionaron en el 2009, escogidos de entre los reseñados en estas páginas.

La vida a ratos, por Christian Ibarra (San Juan: Ediciones Aventis)

La significación de estos microrrelatos cuidadosamente construidos sigue expandiéndose en la imaginación después de acabada la lectura. Su brevedad no es óbice para un complejo desarrollo interno; son textos movedizos, que pueden cambiar sutilmente de plano o de énfasis.

Ver completo en: Los libros del año

jueves, 10 de diciembre de 2009

PREMIOS DEL PEN CLUB DE PUERTO RICO - Mejores Publicaciones Puertorriqueñas del 2008


Christian Ibarra y J.D. Capiello.


Recibiendo el premio.


Christian Ibarra - La Vida a Ratos
Mención de Honor Cuento
PEN Club 2009


J.D. Capiello - Casquillos
Mención de Honor Poesía
PEN Club 2009

martes, 8 de diciembre de 2009

Presentación Bestiario en nomenclatura binomial de David Caleb Acevedo - Por: Ángel Antonio Ruiz



Toda bestia, en el catálogo de los bestiarios fantásticos, es la convergencia de varias otras bestias reales conformando una bestia imaginaria. Armados como máquinas almadas, manía humana de jugar a la creación que en nuestros días se traduce en el diseño de robots, cyborgs o avatares y que dominan los mundos virtuales, son figuras en su mayoría grotescas que en su momento histórico tuvieron el propósito de ser una extensión de la palabra de un dios o una diosa, en cuanto eran moralizantes o alegóricas, representando, como toda estructura de valores religiosos, los temores del ser humano.

Acercarse a un bestiario fantástico, como el que nos trae David Caleb Acevedo, es acercarse a un mundo mítico – siempre formado desde una realidad conocida- no sin cierto tono de urgencia por lo que amenaza con extinguirse, y con un afán arqueológico que invita a descubrir posibilidades alternas, realidades paralelas y temores ancestralmente humanos. Como por ejemplo el asunto de la progenie y de la extinción de la raza que se evidencia desde un hermoso primer poema Origen que dice:

"si somos los únicos que quedamos
de nuestras respectivas especies
te pregunto qué haremos
quieres salir a pasear
conocernos mejor
tener un hijo, o dos
llenar la Tierra
y tal vez algún día
recuperar nuestras cepas
los genes de nuestra sangre combinada…"

Este bestiario, no se limita a ser sólo bestiario, sino que también es una bitácora, puesto que, si bien recoge hallazgos también documenta un tránsito en un tiempo no lineal, detalle que advierten y acotan tanto Rubén Ríos Ávila en su prólogo como Moisés Agosto Rosario en la nota al dorso. Podemos entonces mencionar que en este poemario de David Caleb existe un no-tránsito en el sentido lineal que conocemos, pero existe un viaje que propone y reconoce al tiempo como la gran bestia que ha consumido esas otras bestias que se redescubren en el viaje imaginario en una maquina de tiempo que sirve de recurso en el inicio de este libro.

Si bien en la antigüedad, en el medioevo mayormente, (aunque nos llega al día de hoy evidencia de bestiarios griegos como el Physiologus) los bestiarios también corrieron una suerte de bitácoras. En muchos casos documentaban bestias encontradas en viajes a confines no conocidos en aquel momento, con un afán de documentar la creación divina. Tenemos pues, además de un bestiario, una bitácora poética de un viaje fantástico como texto no subyacente, sino como coexistente en el poemario. Es entonces, un libro de crónica escrito en poesía, siendo la crónica un género literario que documenta la memoria, la archiva y la clasifica para salvarla del olvido. Pero esta crónica no documenta un tiempo lineal, como ya manifestaramos, pues en la memoria todo habita en un mismo tiempo, añoranza y recuerdo son tan posibles en la memoria como el instante recién vivido, la memoria siempre es una fantasía, la memoria es una bestia creada por pedazos de realidad que manipulamos y que armamos, en algunos casos para nuestra conveniencia. Por ello, este viaje no es un viaje al pasado ordenado cronológicamente, es un viaje a la memoria. La memoria no conoce el pasado. Al decir pasado evocamos algo que ya no existe, en la memoria todo puede existir, todo existe en un mismo tiempo, o en tiempos plurales y desde ahí : todo es rescatable.

Bestiario en nomenclatura binomial, no documenta bestias animales, documenta un rescate. Documenta la palabra como bestia, el poema como bestia a punto de extinguirse y al poeta como su salvador. David Caleb propone en este viaje la salvación a través de la palabra, incluso para la palabra misma.

En sus poemas y en las bitácoras de estos poemas, el autor trae palabras de otros idiomas e incluso crea palabras, para nombrar este mundo quimérico que ha creado. Estas palabras ajenas al español que inserta Acevedo, no son ajenas al autor, para quien no hay una inconformidad con el lenguaje, al contrario, hay una comodidad con él o con los lenguajes, que le permite armar desde el conocimiento, o desde la invención, y manejar estas palabras de manera tal que en su contexto cobran sentido, como las alas en la esfinge. En ese contexto este poemario esta formado por palabras tanto reales como imaginarias, por palabras propias de varios lenguajes, palabras en desuso. Por ello en el empleo propio de la palabra hay un viaje en el tiempo que se expone de manera no lineal sino coexistente. He aquí uno de los grandes valores de este libro, una propuesta filosófica del tiempo, de la salvación, un alejamiento de lo individual y un reconocimiento de lo colectivo vuelto poesía sin pretensiones.

En este poemario los poemas en vez de animales, son pequeñas deidades que han sido olvidadas, secuestradas o acalladas por otras deidades un tanto mas comunes, a las que prefiero llamar deidades pop.

"érase una vez un poema que trataba de decir algo
pero su voz era acallada
por críticos literarios y otros jurados
érase una vez un trono de luz
que se rompió cuando la reina negra fue capturada
y encerrada en un largo y tendido sueno". (Prístino)

Entonces tenemos en la voz poética, un poeta que se ofrece así como salvador en sacrificio por la deidad, por lo mítico, lo fantástico y por la palabra misma, como fin y como medio. Es en ese ejercicio de salvación que el poeta, salva y se salva.

Regularmente las bestias son figuras atroces, en el caso de este bestiario, las bestias son figuras tiernas que insinúan un ardid del poeta para reconciliarse con los monstruos que habitan su memoria. Por ejemplo en el poema Sempiterno se puede leer una reconciliación hacia la figura materna. No debe ser casualidad que sea el poema que encuentra bajo su cama, el poema que coexiste con la voz poética aunque escondido.

"cuando te escuche desde el Alpha
del día 13 de julio de 1980 (fecha de nacimiento del poeta)
cuando abriste tus fauces
y me dejaste salir"(Sempiterno)

Instantes anteriores del mismo poema, dan cuenta de esta relación antagónica entre madre e hijo, entre lo que puede leerse como la presencia de un sistema religioso/simbólico autorizado vs un mundo mítico y caótico-que es el poeta-. Cuando la voz poética habla a quien leemos como la madre, se autonombra:

"un espejo un reflejo de tu propio desdén
mientras caminas sobre el agua
diciendole al viento cosas dulces al oído
para que cese su tormenta".

Me pregunto cual será la tormenta que hay que acallar?
Igual sucede con el poema que prosigue donde hay un diálogo con la figura paterna:

(Leer Supernal)

Hay otras muchas lecturas posibles para Bestiario en nomenclatura binomial de David Caleb Acevedo. Podemos leer un fuerte discurso de la poesía como ciencia, podemos leer la obsesión científica de nombrar para categorizar, en este caso la palabra y con ella el conocimiento del muerdo a través de la palabra. Es posible leer un diálogo intenso con Darwin y el Origen de las especies, no debe ser casualidad que este libro sea salga a la luz a 150 años de la publicación de ese primer libro y a 200 años del nacimiento de su autor. Podemos también hacer una lectura budista en cuanto existe una desaparición del “yo” que se urga desde los primeros poemas hasta el encuentro del “nostros” en el poema final, donde el libro se abre al lector para que sea este quien complete los versos en blanco. Eso lo podemos ver en el poema Crux, tal vez el poema más emblemático en la propuesta poético-filosófica del libro cuando dice:

"vine a mostrarte la puerta
a un universoque es inicio en mí
pero que solo puedes completar tú
escribiendo ahora: _________"

Es entonces este poemario una búsqueda de esa sabiduría colectiva, sobre una sabiduría individual. En el mismo ejercicio, cosa que me honra, esta el permitir ilustrar sus bestias y plurificar con imágenes visuales las imágenes ya creadas. Podemos hacer también una lectura cabalística en cuanto existe la idea en el texto de que la palabra es origen, fin y finalidad de todo lo que existe, y que todo viene de una motivación de dar que imita al creador o a la creadora.

Esta poesía tiene un tono reverente, muy raro en David Caleb, pero es a su vez irreverente en cuanto no da fe de reverencias a religiones normativas, sino a mundos míticos que desmonopolizan la fe como la conocemos hoy día y que han demostrado su fallo como verdad absoluta para poco a poco convertirse en el culto de unos pocos. No se engañen pues en el tono reverente de este poemario, es un poemario anti-normatividades (religiosas, políticas, poéticas y existenciales). Aquí hay una apuesta a la pluralidad y a la diversidad. Eso hace de este texto un texto político a favor de la inclusión y del respeto y valoración de las diversidades. Este poemario es un mantra continuo en el viaje de búsqueda de la sabiduría colectiva, que no se haya en una sola verdad.

Podemos seguir haciendo lecturas de este poemario/ bitácora/ crónica, pero mis lecturas simplemente limitan las infinitas lecturas que puede y tiene la capacidad de sugerir este ingenioso texto.

Solo me resta decirle a David Caleb Acevedo, como amigo, como compañero escritor y como hermano, unos versos que el mismo escribiera en el poema Pírrico y que me atrevo a parafrasear, dónde lo leo y lo ilustro como su propia bestia:

"tú también has vencido al mundo
aunque ha sido una victoria pírrica
si más que ganarle a Dios
te has ganado a ti mismo".

Ángel Antonio Ruiz, 2009 ©

viernes, 20 de noviembre de 2009

EDICIONES AVENTIS EN EL PEN 2009 CON SUS PRIMEROS DOS LIBROS


PEN Club de Puerto Rico

Jueves 3 de diciembre – Ceremonia de Premiación
a los Mejores Libros publicados en el 2008

COMUNICADO DE PRENSAPEN CLUB DE PUERTO RICO ANUNCIA EL FALLO DE SU CERTAMEN LITERARIO Y LA CEREMONIA DE PREMIACIONJUEVES 3 DE DICIEMBRE

San Juan, Puerto Rico, 19 de noviembre de 2009, El PEN Club de Puerto Rico y su Junta presidida por la poeta Mairym Cruz- Bernal tiene el honor de anunciar el fallo de su Certamen Literario Anual, en esta ocasión para las Mejores Publicaciones Puertorriqueñas del 2008. La Junta del PEN-Puerto Rico, tanto como sus vocales, se abstuvo de enviar sus libros a este certamen, tampoco participaron como miembros del jurado, para conservar la imagen prestigiosa de la organización.Se consideraron las categorías de Novela, Cuento, Ensayo, Poesía, Teatro, Memorias, Literatura Infantil, Literatura Juvenil, entre más de 150 libros recibidos. Unos veinte libros fueron premiados por su calidad literaria, creatividad, originalidad, todas ya marcan un lugar de excelencia en la historia de la literatura puertorriqueña-universal.La Ceremonia de entrega de premios literarios se celebrará el JUEVES, 3 de diciembre, 6:30 PM Sala de las Artes B, Universidad del Sagrado Corazón en Santurce, Puerto Rico.

Los autores premiados en las diversas categorías son:

1. Ana Carmen Rodríguez Colón
2. Myrna Herrera Mora
3. Ramón Felipe Medina
4. María Suárez Toro
5. María Luisa Lugo Acevedo
6. Hiram A. Sánchez Martínez
7. María de los Ángeles Castro Arroyo
8. Ángeles Molina Iturrondo
9. Tina Casanova
10. Sofía Irene Cardona
11. Christian Ibarra
12. Daniel Martes
13. Luis López Alvarez
14. Carlos Vázquez
15. Kalman Barsy
16. Madeline Millán
17. Irizelma Robles
18. Ángel Darío Carrero
19. Guillermo Rebollo Gil
20. J.D. Capiello

Durante la actividad de premiación se dará la lectura de los laudos, y estos autores conocerán los premios que les han sido otorgados, además, se darán a conocer los títulos de sus libros. Los miembros de los diversos jurados, todos personas altamente capacitadas y de prestigio intelectual, se develarán en esta ceremonia.

Instamos a toda la comunidad a que asista y respalde este magno evento donde el PEN de Puerto Rico celebra y agasaja las letras puertorriqueñas.

Mairym Cruz-Bernal
Presidenta

Emilio del Carril
Vice-presidente

Elsa Tió
Tesorera

Ana María Fuster
Secretaria

jueves, 12 de noviembre de 2009

BESTIARIO EN NOMENCLATURA BINOMIAL- Las bestias de David Caleb Acevedo

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David Caleb Acevedo con su poemario Bestiario en nomenclatura binomial nos navega en un viaje que rompe con los estatutos del tiempo lineal, para llevarnos a la catarsis de la reflexión sobre el camino recorrido por el hombre a través del tiempo. En sus poemas desarma el poderío individualista engendrado por los estatutos de la razón, para orgánicamente cruzarlo y hacer conciencia de la naturaleza del espíritu y su necesaria función en esta ecuación binomial. Es relevante y es la bitácora que nos navega acertadamente al renacer en la nueva realidad pluralista del ser que se transforma en el siglo XXI. Es un texto visionario que nos trae una nueva propuesta, un nuevo camino en el discurso poético de nuestra literatura. Este bien pensado y orgánicamente estructurado poemario nos lleva la mirada a ese punto final entre el fin y el comienzo de las cosas, para abrirle espacio a la necesidad del vacío como punto de entrada a esta nueva época donde “dos mantras al unísono pueden hacer de 20 dedos una sola mano que escriba nuestra historia y la de este nuevo mundo”.

Moisés Agosto Rosario
Escritor


La voz es esa criatura ajena entre el lenguaje y el cuerpo, y en este libro es siempre una voz que viene de lejos y que viene de lo alto. Por eso, las palabras que intentan descifrarla son palabras de altura, como Supernal o Primeval, indicadores de un espacio superior que nos roza con su presencia. En este libro no es incidental que las palabras más potentes sean ajenas o extranjeras. Cuando se leen en el espacio del poema, sin embargo, dejan de ser meramente anglo sajonas, como es el caso de estas dos, y forman parte del lenguaje del poema, un lenguaje que ya no es tampoco meramente español. De hecho, los nombres con que el poeta bautiza sus criaturas, sacados de la tradición científica de la nomenclatura binomial, que supuestamente le asignaría el philum y la especie de su pertenencia, son casi siempre neologismos tan fascinantes como caprichosos, engendros a su vez tan autónomos como los poemas, como si cada nombre fuese también un micro poema dentro del poema. David Caleb Acevedo le da una nueva dimensión al título tan trillado de escritor bilingüe. No se trata en él de las limitaciones supuestas del poeta latino sin dominio pleno de una lengua materna, sino del poeta para quien la poesía es una lengua materna.

Rubén Ríos Ávila
Crítico y catedrático, UPR
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